Acababa de llegar de juerga y llevaba una borrachera que no podía ni escribir. Me había pasado media noche pensando en ella. Estaba hecho mierda, como la mayoría del tiempo últimamente. Esa noche la había llamado y no me sentía bien. Estaba muerto para ella. Quería olvidarme y yo no la dejaba. Era demasiado importante para mí como para que me olvidara. La quería demasiado. Después de una noche entera pensando en ella, no podía más que sentirme mal por no dejarla en paz, y por no poder hacer nada absolutamente por recuperarla. La había perdido del todo, y no había nada más que hacer, salvo lamentarse.
"No lloréis por mí, ya estoy muerto"

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