Abrí los ojos de repente. Estaba tirado en su cama, en mi cuarto. No tenía ni puta idea de cómo había llegado allí. Aquella noche, el pedo fue monumental, y eso que tenía clase a la mañana siguiente. La resaca acompasaba a la noche anterior: No podía ni moverme.
Y como siempre que me levanto por las mañanas, resacoso o no, me arropé un poco más y cerré los ojos.
Empecé a pensar qué iba a ser de mí. Últimamente primaban dos cosas en mi vida: El sentimiento de ser pequeño, y qué coño pintaba yo en toda esta mierda que es la vida. Las dudas existencialistas llevaban mucho tiempo acechando, pero por fin me cogieron sin un palo al que agarrarme.
Me sorprendí gratamente aquél día que nada más despertarme, mi mente me hizo una pregunta.
"Si esta fuera la vida que querrías llevar, de verdad harías lo que vas a hacer hoy?
En aquél momento me contestó ella misma: No. Y empecé a pensar qué coño pasaba en mi vida, porque ningún día contestaba "Sí".
Hacía unos días, había tocado fondo. Me había traicionado a mí mismo, a todos mis principios, lo que yo creía que era bueno y correcto. Estaba hundido, y era una posición privilegiada, porque podía seguir todos y cada uno de los pasos que había seguido hasta entonces, ser un buen chico. O podía hacer lo que me saliera de los cojones, y que le follen a todo.
Total, qué iba a perder? Ya había demacrado todos los principios que habían regido mi vida hasta entonces, y ahí estaba. De qué servía llevar una vida recta y honrosa si no la disfrutabas?
Porque esa era otra, el royo existencialista. La sensación de vivir porque sí, sin disfrutar de la vida, sin un sentido. Si no crees en Dios, esta vida es todo. Si es todo, no es una prueba, por lo que no hay que portarse bien por La Ira Divina (copyright). Por lo tanto qué razón hay para no ser un puto psicópata? Pues la verdad, la razón había sido que el resto de la gente no estuviera mal. Pero la realidad era que me importaba bastante poco la mayoría de la gente. Tenía asumido que el ser humano en sí, era egoísta, vengativo, etc... Muchas de esas sensaciones yo no las padecía, o las había inhibido hasta tal punto que ni las notaba. En fin, que si había que mentir, se mentía, porque la vida de nadie depende de la mía. Sabía que ese modo de pensar venía de alguien, que me lo estaban pegando. En fin, que tenía claro que tenía malas compañías, y que me estaba haciendo un cabrón. Que me quería comer el mundo, y quería volver a ser quien era. No me gustaba sentirme una mota de polvo, poco importante, pisable. Esa mañana, era una mierda, y tenía que dejar de serlo. Me jodía que las cosas fueran como fueran, que me hubieran quitado lo que yo más quería, que quien más me importaba quisiera olvidarme y ya no me tuviera en cuenta. Estaba hasta los cojones de ser el último mono, de que me comieran y a mí no me diera tiempo ni de buscar la presa.
Escuché la voz de Unnamed en la puerta.
-Tú, levántate que hoy es San Canuto tío!
-Joder, ya estás aquí?
-Claro tío, a ponernos ciegos!
Me quedé un rato sintiendo la cabeza latir. Algo de beber me vendría bien. Además, eran las 9, y no había desayunado.
-Sabes qué pasa cuando eres bueno? - le dije al cabrón.
-Qué?
-Nada.

San Canuto... se nota que eres estudiante, o en su defecto estás en una edad similar.