Desde hace algún tiempo, tengo cierta seriedad con la persona que más quiero. Es una persona con la que he aprendido muchísimo y a la que adoro. Una persona por la que he guardado fidelidad, a la que respeto y admiro. "Mi niña", como se suele decir.
Nunca habéis oído eso de "de vez en cuando, hay que darse un tiempo". Yo ya hace bastante que siento que pretendo estar demasiado pendiente de todo. Que quiero que hasta el más ínfimo detalle sea perfecto, hasta el punto de que se desnaturaliza. Este control me ha llevado a sentirme ofuscado, inquieto. Me siento limitado. Veo cada minuto escaparse a la inutilidad. Siento que quiero renovarme, ver más cosas, conocer más gente. Quiero (r)evolución, cambio, nuevas metas, volver a comenzar a aprender. Quiero renovarme, desde el principio hasta el final.
Es muy duro pensar en abrazos y besos, sin tenerlos apenas. Y es muy duro que una relación se cobre una amistad. Yo pongo la mano en el fuego porque mis relaciones sólo las cobran los hechos de mis amigos.
Quiero parar un tiempo, pensar, ver qué pasa, que cambiemos, que evolucionemos, y que un día, dentro de algún tiempo, volvamos a encontrarnos, y a conocernos.
Sin embargo, no quiero olvidarme de lo que he vivido. De lo que conozco, de lo que me ha llevado a ser quien soy. Nunca negaré mi mano a mis amigos, mi gente. Yo sigo aquí, de ellos depende si quieren cogérmela.
Siento que voy a hacer daño a alguien.

"Ansío el día de mi muerte, pero no quiero que llegue sin haber disfrutado del camino".

Quiero crear. Quiero modificar, aportar algo a la gente. Quiero romper las limitaciones.

"Las barreras son frágiles".

Quiero ver cómo las cosas a mi alrededor fluyen, que se muevan al compás que deben ir. No voy a buscar la perfección ni la belleza, tampoco quiero la innovación modernista. Quiero buscar, y buscarme. No quiero ser sabio, pero sí quiero sabiduría. Buscar, aprender, encontrar. Mejorar.