The Unforgiven
Y aquí estamos otra vez. Escribiendo. Intentando vagamente exponer las cosas que pienso de manera atrofiada. Ni siquiera estoy seguro de que se escriba así. La duda. Aquella bestia que nos engaña y nos traiciona, y en la que siempre acabamos confiando. Es demasiado tentadora como para ignorarla. El miedo. Todo es el miedo. El miedo a que nos quiten lo que queremos. Aún cuando sabemos que lo que queremos se quedará con nosotros, nosotros evitamos por todos los medios cualquier oportunidad que simule que lo perdemos. Da igual si lo perdemos de verdad. Símplemente, o evitamos. Y cuando lo que no queremos perder es alguien, entonces...
Entonces símplemente, la liamos. Porque, si tenemos (o no) la "suerte" de que esa persona hará lo que sea por tí, entonces aceptará resignadamente lo que tú quieras. Pero aquí viene lo malo, porque si tú quieres a ésa persona, no querrás que se haga tu marioneta. No te has enamorado de lo que tú quieres que sea, si no de lo que era cuando l@ conociste. De ninguna manera. No puedes permitirlo.
Si hace falta, te tragas tu orgullo, y dejas que haga eso que no te gusta, porque la quieres tanto, tanto tantísimo, que sabes que no te vá a dejar por nada del mundo. Porque confías en que él/ella te acompañarán siempre, pero ya es tarde. Sólo por decirle/a que no querías, has hecho el daño. El daño de hacer creer que esos detallitos harán que te vayas. El daño de hacerle creer que debe pulirse, que debe mejorar, que no es lo bastante buen@, y que acabarás abandonandole. Así de triste es, que por un ataque de celos, hagas daño a quien más quieres. Los celos. Lo que empezó haciéndote daño a tí, acaba haciendo daño a los dos. Porque tú lo haces, él/ella lo sufre, y tú sufres por hacerla sufrir a ella.
Considero por tanto, que es mejor deliberar sobre lo que se vá a decir, teniendo en cuenta el daño que vá a hacer, pero sobre todo, pensando en si merece la pena.
Por cierto. El dolor no se arregla con un 'lo siento'. Pero tampoco está de más decirlo. Perdón.

Salvador Jiménez dijo
la verdad es que me he topado con tus textos, porque tu amiga Gloria sabe que me gusta tu dialectica y me ha cedido esta, tu página. Creo, si no me equivoco, que pretendes "querer" por tal y como es una persona, por su "ser-así" inmutable en el tiempo. Mi punto de vista, lejos de ser radical, es más cruel y asesino de ideales enamorados y de "pajas" amorosas. Si es cierto, que cuando conoces a una persona lo primero en que uno se fija (irremediablemente)es su "apariencia" pero no podemos permitirnos el lujo de convivir con la unidad aparencial de una persona. Tammpoco creo que creemos títeres, ni mucho menos. Pero por ejemplo: ¿Que es filosofia, mas que una adecuacion del mundo a la cosa, al ser?...lo mismo pasa en el amor: adecuacion de dos personas creadas por y para sí. Con la adecuacion y la unión de manos y caracteres por bandera. No queremos a una persona por como "es", pero tampoco por como "debe ser". Simplemente queremos a esa persona que es capaz de adecuarse y cambiar al mismo tiempo que tu cambias y te adecuas. El ser y el amor, son agrupaciones accidentales, mutables pero sorprendentemente cojonudas.
¡Saludos viejo!
14 Junio 2005 | 02:35 AM