La Coctelera

Leo Zerleg

O cómo encontrar el sinsentido de la vida.

Categoría: Cuento

13 Mayo 2007

Kilómetro 84

Problema: Un coche va por la carretera a 140 kilómetros por hora. El conductor se despista una milésima de segundo y cuando vuelve a mirar se encuentra con que tiene una curva encima. Es de noche, y no la había podido ver antes debido a la falta de luz en la carretera. El conductor, en un esfuerzo por no estamparse, da el volantazo y pierde el control del coche, que dando bandazos de un lado a otro llega a ponerse en perpendicular con la carretera, desplazándose varios metros hasta que el conductor, haciendo pleno uso de su instinto consigue recuperar el control del coche, tras tres golpes en los quitamiedos, atravesando la calzada de un lado a otro de la carretera, acaba parando el coche, y se aparta a un lado de la carretera.
Sin saber muy bien qué hacer, sale del coche y hecha un vistazo alrededor, para evaluar los desperfectos. Al ser de noche, no ve nada más que unos raspones y algunas abulladuras en la chapa. Nada que no pueda arreglarse. El coche de una pieza, y el conductor ni siquiera está nervioso. Se queda mirando al coche, y repite durante un par de minutos:

Qué suerte... Qué suerte... Qué suerte...

Tras esto, lo mejor que se le ocurre decir es:

Bueno, pues me voy no? A ver qué coño pinto aquí

Pero el coche tenía una rueda desgarrada y sin cambiarla era imposible continuar la marcha, además que de el maletero tampoco estaba en su mejor momento. Esto no lo había visto. Otro conductor salió a ayudar. Advirtió de que tenía que poner el triángulo de precaución y el chaleco reflectante, que no se lo había puesto. Llamó al seguro y al rato había una grúa y un taxi.
En todo ese momento, el conductor del vehículo no siente nervios, ni miedo. Simplemente piensa que tendrá que dejarse un dinero para arreglar el coche, y en la rabia que le da no haber terminado el viaje. Estaba más impactado porque era incapaz de sentir nada, de tener una visión trascendental de esas que se tienen tras estar casi en la muerte. Entrando en una curva justo antes de un puente, a 140 por hora, y salvar el coche, y el tipo, es una suerte dilatada. Últimamente, tenía muchísima suerte en la mayoría de los aspectos de su vida. Incluso ante la posibilidad de morir. Y nada, ni preocupación, ni nervios, simplemente era algo que había pasado y que le había hecho perder tiempo, en vez de llegar a su casa y acostarse como le hubiera gustado.
El único pensamiento más o menos lúcido que tuvo, era que no le importaba tener que pagar, que mientras le quedara dinero del que poder tirar, no importaba, y que el dinero era algo que está ahí para dar un servicio, no para guardarlo eternamente sin disfrutarlo. Eso, y que casi todo lo que tenía era carente de importancia, salvo unas cuantas cosas.
Su vida estaba bastante vacía, pero tenía algo a su favor: tenía suerte. Mucha suerte, la verdad, pero sabía que no podía confiar en eso, no podía confiar en salvar el coche a 140 por hora, porque cualquier día podía estamparse y no contarlo.

Su gran frase:

"Prueba, a ver si suena la flauta"

Ese día tocó un concierto esa flauta. A quien lo contara no se lo iba a creer, pero cuando llegó a casa, encendió el portátil, y se puso a hablar como si nada.

Una cosa le había quedado clara: Quería más cosas importantes.

servido por leo sin comentarios compártelo

18 Abril 2007

"Gente jodía, movidas chungas!"

Estaba cansado. Había estado una hora nadando sin parar en la piscina, pensando en mis cosas, como siempre, y amargándome sólo.
Los niños de la escuela de natación tienen la mala costumbre de meterse en los vestuarios que no les corresponden, y meten ruido. Me desquician.

- Alberto, dónde estás?
- Aquí!
- Ala! que ahí no se puede entrar!!
- Y qué? A mí no me importa!

Nunca sabré por qué, pero enseguida me dí cuenta de que a veces, hay que saltarse las reglas para conseguir lo que uno quiere.

servido por leo sin comentarios compártelo

25 Febrero 2007

Vuelve

Eran ya sobre las 8 de la tarde, y estábamos en un bar tomando una cervecita, esperando una amiga, como siempre, mi amigo Unnamed y yo.
Le hablaba sobre un amigo mío, que tenía una novia que siempre le echaba las broncas por todo, cuando estaba cabreada lo pagaba con él, y en general, se quemaba bastante y él sufría las consecuencias, discutían, y se largaban cada uno por su lado. La última vez tuvieron una buena bronca y bajo mi opinión, era por la culpa de la novia.

- Joder tío - me decía - Es que no lo entiendo, ella se cabrea con sus amigas y luego le llama a él y está muy susceptible, no?
- Sí, y a nada que él dice algo, ella se pilla el mosqueo y le echa una al chaval que se mea.
- Y joder, por qué no la deja y a tomar por culo?
- Joder colega porque no, porque se quieren muchísimo pero ella siempre lo paga todo con él. No sé tío, yo también le he dicho que tire un poco del hilo a ver si ella se da cuenta y le deja un poco más tranquilo.
- No sé, es que... debe ser un estrés tremendo tío, tener que tragarte todos los marrones de la piva y callarte.
- Claro tío, yo no digo que no la escuche y la ayude no colega? Pero joder tío es que que se tenga que llevar él las broncas por todo... No me parece bien.
- Bueno tío, pero cuando te echas una novia es irremediable que te caigan más de una.
- Sí joder pero si te caen siempre... No sé, yo no lo aguantaría.
- Sí bueno, eso es lo que se dice pero luego....
- Luego qué? Si te hartas te hartas tío.
- Sí pero... cuando te cabreas con alguien que quieres, te da igual quién haya tenido la culpa... Quieres recuperarla a toda costa.

servido por leo 1 comentario compártelo

23 Febrero 2007

Orgullo

Estaba en clase, cansado por no haber dormido ni cinco horas la noche anterior. En la pizarra se nos presentaba un problema que en inicio parecía muy simple, pero que el profesor complicaba cada vez más: siempre había un fallo.
Nos instaba a que lo resolviéramos, y sin embargo, no había ninguna razón para hacerlo. No tenía una motivación real, algo que me importara lo bastante como para resolverlo.
En numerosísimas ocasiones, la inspiración divina había aparecido para echarme una mano. Y esta ocasión fue una de ellas.
Y por primera vez, desde hacía mucho tiempo, me sentí orgulloso de haber dado una solución que nadie había encontrado. Me sentí orgulloso de algo, y hacía muchísimo que no lo había sentido. Tanto tiempo sintiéndome como una marioneta que no tiene razón para moverse. Estaba contento por haber vuelto a sentir algo. Me sentí vivo, y me sentí bien. Y me alegraba por ello.
Y aunque el motor inicial de ese sentimiento, la rivalidad con mi profesor, no era algo que debería considerarse 'bueno', me daba igual. Fuera cual fuera el motivo, volvía a sentirme bien.

Y me encantaba.

servido por leo 1 comentario compártelo

19 Febrero 2007

El pie entre el coche y el andén

Corría como pocas veces. Había quedado y, para variar, iba tan tarde como podía. Piqué corriendo en la entrada del tren y me metí en el primer vagón que me quedó cerca. Tuve suerte, normalmente cuando llego el tren se va, como burlándose de mí.
Me senté, agotado. El sudor empezaba a caerme despacito por la frente. Miré por la ventanilla a la gente que se acababa de bajar del tren. Y vi a una parejita abrazaditos en el andén. Siempre me apenaba al ver esas escenas. Me recordaban a cierta época de mi vida. Pero fijándome más detenidamente, me pareció que ella me era conocida. Sentí una punzada en el pecho.
Las puertas del tren pitaban indicando que iban a cerrarse. Ahora entendía por qué el tren me había esperado, hoy quería reírse de mí de un modo distinto al habitual. Realmente, no pude verla, pero sentí que el pecho me apretaba con fuerza: Me pareció ver a mi exnovia con ese tío.
Estaba claro. Habían pasado los meses y ella empezaba a frecuentar con otras personas. Yo, aunque ya no estaba estancado, tenía claro que hubiera preferido que aquello no ocurriera. El viaje de tren se me iba a hacer largo entre reflexiones, y se me acabaron pasando las dos estaciones en las que podía haberme bajado. Cogí el móvil, y escribí un sms.

No puedo ir, lo siento. Ya quedaremos otro día.

Y llegué hasta la última de las paradas. Me bajé, cogí el metro, y volví a casa. Me encerré en mi cuarto, y me tumbé. Y mientras su recuerdo bailaba en mi cabeza, las dos palabras que mejor han reflejado mi alma salían de mi boca.

- Te Quiero.

servido por leo sin comentarios compártelo

18 Febrero 2007

I must be emo!

De nuevo estábamos sentados en nuestro emplazamiento habitual en el parque, sobre un pequeño montículo, encima de hierba mojada. La ropa acababa hecha mierda, pero el olorcillo, la sensación fresca... Valía la pena.
Estábamos tomando cervecita fresca, Unnamed y yo, viendo pasar a la gente.
Era media tarde a la sombra del árbol que solía refrescarnos, nos dimos cuenta de que pasaban frente a nosotros un grupillo de cuatro chavales, callados, que andaban despacio, cabizbajos.
Despacito, salieron una a una todas las palabras de mi boca.
- Qué mierda es esa...
- Joder tío, son emos.
- Y eso qué es?
- Pues tío ahora los pijos es de lo que van, se visten de negro y escriben poemas, y movidas chungas sobre que la vida no vale una mierda y tal.
- Ahá... - yo dudaba sobre el motivo de esto. Era el ejemplo más claro de una moda andrajosa que vendría y se iría como tantas otras.
- Sabes? Y no sólo pijos, verás cómo nos hartamos de verlos.
- Y qué royo dices que gastan?
- A ver tío, tú nunca has tenido problemas existenciales?
- En plan... "Joder qué asco de mundo" y tal?
- Sí.
- Joder tío pues sí, pero yo no me vestía de historias raras ni iba como esos...
- Pues sí tío, por lo visto el royo emo viene desde los 80, y luego ha ido modificándose y adhiriéndose a royos en plan indie y tal.
- Ahá - Cuando empezaba a hablar así, parecía una enciclopedia con patas. Le admiraba por aquello.
- Ahora el tema de ir de sentimental vende. Así que, se ponen en la muñeca algo que les marque por el lado de las venas, y ya está, tienes problemas existenciales. Lo de ir de incomprendido mola, sabes? Así que se lían a cerrarse en sí mismos, escriben poemas para exteriorizar su dolor, y tocan la guitarra.
- Y seguro que la mayoría de lo que exteriorizan es una puta mierda.
- Pero mierda. En esencia, lo que llaman es llamar la atención.

Después del discursito, se quedó pensativo un momento mientras echaba un trago de la litrona.

- Y qué problemas existenciales tenías tú, tío? - parecía extrañamente interesado - A mí nunca me ha parecido que estuvieras tan mal.
- Pues... yo qué sé tío, sobretodo sobre el ego de la gente y si era lo único que movía a las personas.
- Ahá.
- Y sobre el disfrute de las cosas. Hubo un momento en el que no entendía nada, ni por qué viajar, ni por qué salir, ni por qué nada. Yo también me planteé sobre de qué valía vivir... Como un emo, pero sin marionetizar ni llevar pinta de dibujo manga. Pero es en serio, me costaba disfrutar de las cosas porque no entendía la finalidad, no tenía un 'por qué' para nada. Y es una mierda vivir así tío.

Nos quedamos con la mirada perdida mientras empezaba a soplar una brisa de lo más agradable.

- Y con qué te has quitado eso de la cabeza?
- Cómo que con qué?
- Sí tío, que con qué te has distraído para no pensar en ello?
- Con nada tío. Estuve amargado hasta que por fin dí con algo que no sólo daba sentido a todo lo que me había planteado hasta entonces, si no que ampliaba mis miras y me daba una motivación.
- Y qué era?
- La muerte tío.
- Qué 'emo'.

Me sonreí. Estaba profundamente satisfecho conmigo mismo por no tener pinta de personaje de 'Dragon Ball'.

- En realidad, no es por la muerte en sí misma. Mira plantéate esto. Si yo me mueriera esta noche, te hubiera gustado disfrutar un poco más de mi compañía... Bueno, vamos a suponer que es así.

Ahora era él el que se sonreía.

- Si asumes eso antes de que yo me muera - continué - aprovecharías todo el día para disfrutarlo. Querrías la experiencia, el recuerdo, para toda la vida. No el recuerdo de no haber aprovechado el tiempo mientras hubieras podido. Yo no quiero perderme nada, quiero experiencias tío, no quiero perderme nada. Si un día me muero, no quiero pensar que no ha valido la pena. Quiero vivirlo todo, o casi todo, quiero poder contar que he estado en mil sitios. Quiero ver las cosas.
- Y no eras tú el que decía que para ver la torre Eiffel te valía con las fotos de internet?
- Es que ese era precisamente el problema tío. He sido criado con lo funcional, con lo simple, con el 'así lo ves, no? Pues ya está'. Pero no está, no es lo mismo, ni parecido. Cuando fui a Londres con la beca aquella, mi padre me dijo que qué coño pintaba yo allí, que con lo bien que se estaba en casa. Pero tío, yo en casa estaba amargado, y no quería acabar así, pensando en "para qué?" con cada cosa, y no vivir nada, con cada día igual.
- Sí tío, creo que te entiendo - me alegraba de haber expuesto aquello, aún hoy no sé muy bien por qué, pero en aquél momento sentía que decía una gran verdad.
- Te acuerdas en las fiestas de villa? - Todos los años íbamos a Villaviciosa a sus fiestas de septiembre. Al principio lo disfrutábamos, pero con el tiempo acabamos yendo por el hecho de ser una ocasión para ver a los viejos conocidos. - Me acuerdo un año que al volver pasamos frío, pero frío del que duele en las manos. Seguramente mis padres hubieran dicho que para eso me quedara en casa. Pero yo me alegro de haber vivido aquello, aún con su frío. Estoy harto de que me cuenten las cosas, y nunca vivirlas.

Se hacía tarde, y las litronas ya estaban en la última babilla que se queda después de haber bebido casi toda la botella. Las embolsamos, y las tiramos a la papelera que quedaba más cerquita. Nos despedimos, y nos fuimos a casa. No pensaba que la base de los 'emos' fuera algo vacío y carente de sentido. Pero todos esos que iban pintados, y de negro, y tan cantosos... No me les creía. Símplemente me daban la impresión de seguir otra moda. Dudaba entre si me daban pena, o asco.

servido por leo 2 comentarios compártelo

30 Enero 2007

La Amistad más especial

Iba por la calle andando despacio, pensando en lo mismo de siempre. Llevaba una temporada que no iba tan mal, pero seguía acordándome de Ella muchísimo. No podía negar que la seguía queriendo como querré a pocas personas en mi vida... Y la vi. Iba preciosa, increíble, con su pelo moreno por los hombros con sus ojazos marrones verdosos mirándome. Y por un instante, volví a sentir que todo dejaba de existir. Me faltaba el aire.

- Hola - me dijo con su melodiosa voz.
- Hola... Qué tal? - Para variar, no sabía qué decir.
- Pues bien... Vengo de dar una vuelta con un amigo...

No quise pensar. Durante mucho tiempo, cada palabra que decía era cuidadosamente estudiada por todos los dobles sentidos que podían encerrar. Y estaba harto, porque lo único que conseguía era amargarme a mí mismo. Ella no me hubiera mentido.

- A tí qué tal te va? Ya se te ha pasado.. todo?

Claramente, preguntaba por cómo llevaba el haberla perdido después de tanto tiempo. Y la verdad es que estaba mucho mejor.

- Pues sí, no me va mal. Estoy animado y... hago cosas.
- Ya te lo tomas mejor?
- Bueno... fue de esas cosas en plan revelación, ya sabes.
- Sí? Qué pasó?
- Supongo que tuve.. un cambio de concepto. Me dí cuenta de que no te perdía, de que me brindabas una bonita relación de amistad, y no supe aprovecharla.

De repente tuve la fugaz impresión de que tal vez podría pasar mucho tiempo hasta que la volviera a ver, y si no hacía algo eso no cambiaría. No tenía nada que perder.

- Tal vez ahora que veo las cosas más claras podamos volver a hablar, y a confiar el uno en el otro. No me gustaría agobiarte, pero hace ya mucho tiempo que no te veo y si no te digo esto tal vez pase mucho más.

Se quedó unos momentos dubitativa, y me miró a los ojos. Poco a poco, una sonrisa se dibujaba es su preciosa cara. Me acarició una mejilla, y me dio un beso en la otra.

- Vale.

Y supe que era muchísimo más que especial, muchísimo más que extraordinaria. Por una vez, algo importante empezaba a andar bien.

servido por leo 1 comentario compártelo

26 Enero 2007

Feeling Stupid

Estaba en la piscina con Unnamed. De vez en cuando íbamos a nadar un poco, y aprovechábamos para hablar de nuestros temillas. Siempre le hablaba de todo lo que echaba de menos a mi exnovia, y de que me apetecía muchísimo verla y estar con ella.

- Sabes cuál fue tu problema? - me dijo.
- Cuál?
- Que te dedicaste a obsesionarte con ella, a pensar mil maneras imposibles de convencerla para que volviera contigo mientras que tenías que haberte dedicado a afianzar la bonita amistad que teníais. No tenías que haber hecho nada, sólo haberte portado como siempre.

Para no variar, tenía más razón que un santo. En su día, me dediqué a agobiarla, a molestarla, a recordarla todo el tiempo que no quería que me olvidara. A comportarme como un auténtico gilipollas. Mirando atrás, me doy cuenta de que me encantaría que en de aquellos días tuviera menos cosas por las que arrepentirme, y más buenos momentos que recordar.

Mientras sentía el agua fluir a mi alrededor, con sus sus sospechosos cambios de temperatura repentinos, me dí cuenta de que en aquellos momentos actué según mis sentimientos. Estaba rabioso, impotente, perdido. Me he traicionado a mí mismo muchas veces, y estaba harto de hacerlo. Tenía que reconstruir mi vida, y ya era hora de empezar.

Había hecho bien? Había hecho mal? Desde mi punto de vista, había expresado mis sentimientos. No era malo. Pero la había hecho mucho daño. Eso era muy malo. El bien y el mal eran conceptos difusos, demasiado subjetivos. El no hacer "lo que está bien" sólo me había llevado a traicionarme a mí mismo. Qué estaba bien? Qué era lo malo? Cuál era el camino a seguir? Me había pasado toda la vida siguiendo un camino que había acabado en decepción y dolor. Qué significaba para mí ahora el bien y el mal? Nada.

Tal vez, podría haber actos que hiciesen sentir placer, y actos que hiciesen sentir dolor. Ying, y Yang, blanco y negro, Bien y Mal... 0 y 1.

Jamás he sido capaz de distinguir la escala de grises de las cosas. O sí, o no. Lo he intentado a lo largo de mi vida, pero soy incapaz, mi lógica no me lo permite.

Pero era tiempo de dejar de analizar cada palabra, cada momento, cada pausa entre las sílabas. Analizarlo todo y no dejar de plantearme el existencialismo universal sólo me llevaba a abstraerme de lo realmente importante, lo que pasa mientras pienso, digo y hago gilipolleces: mi vida. Bastante caro me había costado. Ya era hora de disfrutar... Y de intentar recuperar algo importante.

- Tú tú.
- Qué.
- Te hace que nos vayamos a París en semana santa?
- A París? - Esto me traía bonitos recuerdos de sueños que no se cumplirían.
- Y a Amsterdam.
- Joder, qué viaje es ese?

Con una amplia sonrisa, Unnamed calló como si guardara un gran secreto.

Tags: amistad, vida

servido por leo sin comentarios compártelo


Sobre mí

No lloréis por mí, ya estoy muerto

Licencia

Todo el contenido de este blog tiene una licencia CreativeCommons Atribución, No Comercial, Compartir igual.
Creative Commons License

Post especiales

Fotos

leo todavía no ha subido ninguna foto.

¡Anímale a hacerlo!

Buscar

suscríbete

Selecciona el agregador que utilices para suscribirte a este blog (también puedes obtener la URL de los feeds):

¿Qué es esto?

Crea tu blog gratis en La Coctelera